EGAGRÓPILAS
Sala Eduardo Kingman
Muchas son las motivaciones que conducen al artista a
desarrollar su actividad. Pero quizá uno de sus mayores impulsos se sitúa en el
hecho de encontrar esa conexión o punto de encuentro con situaciones que le
permiten trascender del mero tecnicismo al verdadero acto creativo. Y es en
este escenario donde emergen las obras de seis nóveles artistas, quienes
posicionados de una actitud crítica, han hecho tangible a través de su obra un
pensamiento que transita por rutas comunes, poniendo sobre el tapete del debate
y la reflexión al ser humano y su existencia, una temática por demás compleja
que trae consigo más interrogantes que respuestas, más divergencias que
acuerdos, pero que en este caso puntual es el punto de inflexión para
desentrañar desde diferentes perspectivas creativas, las complejidades que
envuelven al individuo frente a su realidad socio cultural.
Con la mirada puesta en el lenguaje pictórico y para
mostrarnos que el oficio del pintor se mantiene vigente junto a las demás
alternativas artísticas y visuales, la muestra destaca por la solidez con la
que se recrean los escenarios y temáticas y por la manera cómo se busca
transmitir realidades ineludibles a través del tratamiento adecuado del color y
las formas.
Con una vasta experiencia en el campo pictórico
contemporáneo, Emilio Seraquive, una vez más se propone desnudar la frivolidad
de las sociedades de hoy y la indiferencia del individuo. Frente a la estridencia de la ciudad la obra
se presenta como una analogía a la vacuidad de la especie humana, del
sinsentido y la miseria, de la soledad y la apatía, aspectos que se retratan
mediante aquel personaje solitario, ausente, de grotescos rasgos que transita
sin rumbo fijo por entre las veredas frías de la urbe, de aquel lugar que hace
tiempo dejó de ser el sitio apacible de convivencia entre ciudadanos.
Por esta misma línea y con una clara experticia en el
tratamiento sugestivo del color, Pablo Alvear, nos relata un episodio que
desenmascara realidades ocultas en nuestras sociedades. Mediante un retrato
contundente, se personifican los rasgos de una sociedad adormecida,
“anestesiada” sumida en el delirio y el vacío; un rostro femenino tendido sobre una mesa con
evidentes signos de agotamiento, transmite de forma eficaz al espectador ese
desgaste social y crisis en todos los niveles: espiritual, emocional, moral,
ética, producto de una actitud ególatra propia del individuo de hoy que le ha
apostado a lo superfluo y efímero, a lo banal y frívolo, en contraposición a lo
que realmente dignifica su esencia.
Desde la sutileza en el tratamiento del género del retrato,
Ashly Curay, nos presenta un trabajo de carácter intimista con una gran carga
psicológica. El rostro femenino que parece levitar conjuntamente con las
flores, se convierte en el contenedor de emociones distintas. La justeza
compositiva y cromática se complementan para traducir gestos de silencio,
ensueño, o quizá esa actitud estoica frente a la realidad actual caracterizada
por lo trivial y lascivo.
En estrecha comunión con su contexto geográfico y con un
visible sentido de pertenencia al lugar, Fredy Guaillas pone a la vista una vez
más, sus reflexiones estéticas sobre el paisaje y el territorio, y lo hace
desde la mirada que cuestiona, que interpela, que desentraña realidades, que
denuncia actos depredatorios del hombre frente al entorno natural, a su hábitat
como contenedor de vida. Las reses que deambulan entre desolación y muerte se
emergen como elementos simbólicos para expresar la endemia social que ha
generado la ruptura entre individuo y naturaleza, entre la armonía y la
dialéctica normal de las cosas. La obra en sí, se convierte en una metáfora que
ilustra el estado agónico de la sociedad y el ser humano en una época de
conflictos y contradicciones a todo nivel.
A través de un paisaje inhóspito y sombrío de matices
monocromáticos, Fredy González nos transporta a un mundo de trayectos e
itinerarios. Afincado en una filosofía de corte existencialista, recrea una
pintura que deja implícita la búsqueda de un sitio de anclaje por parte del
individuo frente a la turbulencia de la vida. Las barcas que enfatizan el
carácter austero de la composición, sugieren la presencia humana, de alguien en
lucha frenética por el encuentro de las mejores rutas y posibilidades. El
tratamiento de la textura mediante suaves veladuras, le otorgan fuerza y
energía a la obra además de crear una atmósfera de misterio y esperanza.
Para cerrar el despliegue pictórico, Edwin Bermeo, presenta
su trabajo caracterizado por una riqueza cromática y dinámica compositiva. Si
bien la obra da buena muestra de un pensado tratamiento de las formas en cuanto
a ubicación y protagonismo dentro de la obra, el contenido va mucho más allá de
lo meramente formal, explora al ser humano desde su interioridad, y parece
apostarle al azar, a lo fortuito, a lo inesperado, producto de esa necesidad de
llenar vacíos internos y encontrar soluciones; frente a ello, el amuleto, el talismán se convierte en el
recurso de primer orden para alcanzar la protección divina y darle sentido a
las cosas. En este sentido la superstición y la magia entran en juego, la
creencia en el pez, el astro, el insecto, el ave, se superponen al juicio y la
razón hasta conducir al individuo al olvido infinito de su esencia.
Patricia Soledad Tapia
Artista
plástica
Mgs
en Teoría y Filosofía del arte
MONTAJE DE EXPOSICIÓN
CONVERSATORIO "EGAGRÓPILAS"
Auditorio Pablo Palacio, jueves 05 de octubre de 2017
| Ashly Curay, Edwin Bermeo y Emilio Seraquive |
| Edwin Bermeo |
| Alumnos del Colegio Cordillera |
| Ashly Curay |
| Emilio Seraquive |
| René Pérez, Docente del Colegio Cordillera |
| Público |
| Asistentes Conversatorio "Egagrópilas" |
INAUGURACIÓN "EGAGRÓPILAS"
| Jeanett Coronel - Relaciones Públicas CCE Loja |
| Msc. Diego Naranjo, Director Provincial de la CCE Loja |
| Msc. Patricia Tapia - Análisis de la Exposición "Egagrópilas" |
| Lic. Edwin Bermeo - Coordinador "Egagrópilas" |
| Intervención musical |
| Venta de souvenirs de emprendimiento "Egagrópilas" |
| Camisetas con diseño de Edwin Bermeo |
| Artistas plásticos asistentes |
INFOGRAFÍA "EGAGRÓPILAS"
PABLO ALVEAR: Relatar desde lo visual.
“Los días son horribles,
de repente, uno tiene miedo y no sabe por qué.”
Breakfast at Tiffany’s
“Dale a mi cabeza su lugar
o dale un espacio en el cual desplegarse.”
Ax.
Rojo. Pinceladas humedecidas en constante rojo carne, urden un
catálogo de mujeres que se mueven hacia el rugido del caos, -con hambre-.
La creación pictórica de Alvear (Loja, 1982) construye a partir de
un relato visual una especie de diégesis, que, narrada desde una gramática
personal, fija la conexión entre el micro universo de la imagen y los códigos
del interlocutor. De esta manera, visitar una obra de Alvear es hacer el ojo
receptor no solo un espectador, o un ojo testigo, sino un ojo que conversa…
Este diálogo toma por lugar de enunciación sitios cotidianos: un cuarto de
baño, la casa, la carretera. Es, precisamente, el encuentro con la realidad que
nos habla, lo que nos acerca y envuelve los ambientes en un encanto siniestro.
En Egagrópilas (2016) se acude a la acepción de lo compulsivo, es esa
la agitación de vientre el punto de convergencia entre Alvear y Ax. En Ax, hay
ideas que evocan la ausencia, líneas a modo de calcomanías negras pegadas en
las paredes de la ciudad que no se reconoce a sí misma. En Alvear, hay una
historia que se dice y otra que se insinúa. Un ticket de ida a una ciudad que
abre las puertas en caras de mujeres que no tienen ganas de estar. “permanece
al fondo del aire/ala fondo de ti misma/ sin otras manos que el mundo y con tu
cabeza en todas partes.”
Responder a la realidad en embestida violenta, contradecir los
cuerpos, hacer un hueco, hundir la mano en uno mismo y encontrar vacío. La
pintura de Alvear es un gesto propio reconocible en facciones ajenas: una
mirada que mira en oblicuo, es la evasión, puede entenderse como la necesidad
de huida. “sus ojos se irán/ de acuerdo a las instrucciones del paisaje.”
La fragmentación: la herida. La paranoia de hacer de solo un ser un
camino bifurcado; la posibilidad de armarse o desarmarse y no tener la certeza
de saber ensamblar las piezas.
También hay elementos disparados hacia lo simbólico: un ave
instaurado en la oreja en donde el cielo es el desfile de cuerpos semidesnudos,
atiende al sentir de la necesidad de irse, lo que mantiene la coherencia de la
idea de abandono. Así, como los poemas pizarknianos apuntan: 2una mirada desde
una alcantarilla puede ser una visión del mundo”. Kelver, mira el mundo desde
un poema con una curita en el ojo y Pablo Alvear, nos dibuja círculos de luz
oscura en el blanco de los ojos.
Insospechadamente, el blanco de los ojos puede reflejar el tránsito
del cielo y el camino de la destrucción estallando en violencia de sonido
cadencioso, todo esto, mientras nos tomamos una foto: así, como si nos
estuviéramos mirando, como si nos miráramos con ojos de trauma, como si
fuéramos la infancia haciendo tatuajes atemporales en la memoria, como si
estuviéramos creciendo al vernos y nuestras miradas nos hicieran árboles que se
acarician, hierba inarrancable, como si nos miráramos vivos, como si tuviéramos
más que muerte en los ojos.
Andrea Rojas Vásquez
2 de octubre de 2017
Alusiones en acuarela
La visión pictórica de ASHLY CURAY
sobre “Egagrópilas”.
“La vida es eterna,
los cuerpos son los que se van”
Kelver Ax
Egagrópilas como lo citó Bernardita Maldonado “es la inmersión al
círculo donde vuelan las aves rapaces, un franqueamiento del mundo del
lenguaje.” Basándome es esta aserción, se percibe en las obras de Ashly la
franqueza del lenguaje, en este caso del lenguaje pictórico, en el que devela
el dolor de la usencia y halla en la acuarela el desahogo. Las lágrimas ya no
son cristalinas, la artista da color al sufrimiento, a la rabia, a la nostalgia
que impera desde aquel enero, que nos recuerda el vuelo de nuestro poeta –
pintor a los confines.
La serie, “Egagrópilas” que hace alusión al tercer libro de Kelver
Ax, presenta tres obras plasmadas sobre cartulina y suspendidas en un tiempo
que no marcha en la memoria. En la primera obra, nos muestra un brazo extendido
hacia arriba con la mano deseando tocar de nuevo la vida, se puede decir que
sangra pero no llora. En la segunda obra, un rostro extraviado surge entre la
calina armoniosa de la acuarela, se nota en el gesto de los labios que quiere
decirnos algo, pero el silencio gobierna la obra, un silencio que nos sacude.
En la tercera obra de la serie, sobresale un cráneo sublime, sobre la mezcla
cadenciosa del violeta y carmesí, diluyéndose como cartografías minúsculas, la
mano de un padre que concibió tres hijos de papel, ahora meciéndose en nuestros
ojos afligidos, la mano del cerrajero, que alguna vez sacudieron las nuestras,
en un saludo o despedida; reconocemos allí también, el rostro que no percibimos
que anduvo por eras y galaxias. En tres obras, los pétalos de una rosa, son las
aves, los niños, las cometas, los ríos, los hijos, las huellas que en nuestros
ojos serán lenguajes.
En la serie “Alusiones” compuesta por cinco escenas, predomina el
rostro semidifuso de mujeres con variadas gestualidades, y delante de ellas el
vuelo de aves, la profunda mirada de un lobo, un cuervo pernoctando sobre la
piel tensa. Son los rostros de las mujeres de Kelver (la madre, la pintura, la
poesía, la vida, la muerte). Es él, que retoma como un ave rapaz y volátil,
como el cuervo que conoció el amor a la muerte y emprendió el vuelo. En estas
obras el aullido habita en una dimensión cuadrada de madera, en la que aparece
el lobo ilusorio y taciturno observándonos desde algún lugar. Los colores
impactan – nada hay tan hermoso como los tonos del recuerdo acariciando los
ojos del alma - . La aplicación de la
técnica es perfecta, si tocas los cuadros el acrílico se torna en esa piel
tersa donde se hospeda el hombre que en pocos trazos desembocó en el mar de la
eternidad.
Ashly desentraña de su memoria y su demiurgo los recuerdos, los
visualiza sobre el soporte con la visión de la mujer advenediza y con sutileza
los forja, así rinde homenaje a su camarada, al amigo que alguna vez soñó y hoy
es leyenda.
Patricio Vega Arrobo.
La rebelión de EDWIN BERMEO
Lo he manifestado en algunas ocaciones, el artista es un ser
especial, dotado de una sensibilidad sublime, exquisita quizás, que le permite
enfocar la realidad desde diferentes concepciones, incluso metafísicas, llámese
éste: artista plástico, escultor, poeta… Por lo mencionado su vida es un
vórtice de ideas, de pensamientos filosóficos, como si se tratara de una
crisálida que quiere escapar del capullo que oprime sus escuálidas alas, quizás
por esta razón el artista, a través de su imaginario, busca escapar de aquella
realidad que lo atormenta, que le hastía y a través de la pintura intenta
retratar, bosquejar o denunciar un mundo cada día más urgente de humanidad.
Esto precisamente intenta reflejar Edwin Bermeo en su plástica,
sujetar en sus pinceles aquellos detalles que pasan inadvertidos para el común
o como el mismo lo señala, por medio del lenguaje pictórico le hace frente a
miedos y prejuicios en una sociedad taimada y acusadora. Asimismo con su
pintura, su cromática, trata de rebelarse contra el statu quo y plasma su
pensamiento, su sentir, o como su manifestó alguna vez el poeta (+) Kelver Ax
“para que escribir si el tachón supera el poema”.
Hurgar en las entrañas del ser humano, descifrar su inefable
arquitectura, llenar sus vacíos obsoletos, mitiga sus broncas, es la necesidad
imperiosa en la obra de Edwin Bermeo que va recolectando supersticiones,
conjuros, hechizos, que vuelvan la vista al origen y esencia del hombre. Crear,
a decir del artista plástico, emerge por la motivación de temas y estados de
ánimo referentes al contexto social de su entorno.
Además hace énfasis en que la motivación de crear se encuentra
enlazada mucho al desarrollo tecnológico, al mundo de las máquinas como objetos
de creación del ser humano. “porque el hombre trata de dar sensibilidad a estas
máquinas, pero se despoja de la suya”. En un mundo dominado por las redes
sociales el ser humano ha perdido el rumbo, su textura y se ha convertido en un
ente autómata, guiado por un dispositivo electrónico.
Bien por Edwin Bermeo, por causar esa implosión dentro de nuestra
conciencia con su obra, por rasgar las vestiduras de una sociedad timorata que
va rumbo a la extinción.
Respirar consiste en arder, exclamó Kelver Ax, y eso precisamente
sucede con la plástica de Edwin Bermeo, arde, se inflama y explota con un
mensaje esperanzador.
Carlos Santiago Quizhpe Silva.
FREDY GONZÁLEZ
La extraña vinculación entre lo espiritual y estético, de la obra de
Fredy nos recuerda el panorama romántico en el sentido de la contemplación, de
la vida dura y triste, con los colores que son la esencia de lo que nos
muestra. Rostros decadentes, felicidades abyectas y sarcasmo, mucho sarcasmo;
con una forma de pintar impulsiva, cargada de energía y un cromatismo pardo en
cada pincelada que denota la no convicción de contar historias, sino más bien
crear sensaciones que van dirigidas al espectador. La incorporación de imágenes
religiosas nos da la idea de mezclar lo profano del expresionismo y lo solemne
del romanticismo.
Antonio García.
FREDDY GUAILLAS
La obra de Freddy Guaillas, Cuestiona los modelos convencionales de
representación, la res degollada sangrante, como reflexión de la intemporalidad
del tiempo que trasciende a nuestro instante de mortales, contrapuestos a los
paisajes abismales de vastas llanuras, con vallas monumentales señaléticas que
replican nuestra condición efímera, mientras afuera todo germina y renace, allí
es donde radica la perpetuidad y el asombro. Borges decía: “dilatar la vida de
los hombres es dilatar la agonía y multiplicar el número de sus muertes”. Este
homenaje al poeta potente que encausa las interrogantes de lo relativo del
estar ante la hazaña de crear como el máximo merito de la inmortalidad.
Patricio Palomeque.
EMILIO SERAQUIVE y la búsqueda
del refugio existencial
Es trabajo de la luz
incinerar sus muertos
así como el trabajo del mar
atar sus anzuelos.
Kelver Ax
Un pedazo de asfalto, el corte de una carretera poseída por la extravagancia
del instante, o una vereda que sostiene destrozos y dobleces, primero. Después,
un ser que imagina sus zapatos antes de salir al desfiladero en pos de que un
(selfie) lo vuelva a armar en sus contradicciones. Dos momentos de desolación
donde el chiste se cuenta solo en la obra del artista Emilio Seraquive. Porque
parece ser que este hombre de su tiempo influye aquella escurridiza ciudad
aliada y enemiga, muchas veces madre nutricia, otras, sólo agonía. Percibe, con
la sinceridad que otorga el cinismo, aquel espacio hipotético que aprisiona y
afloja una cuerda como única posibilidad de escape del tedio (o la condensación
de la espera de la nada). Ya que la ciudad, como también lo creía ese otro
artista de las percepciones que fue Kelver, es una entidad encaprichada que
domestica las nubes con su permanencia en vilo. Así, pues, Seraquive, dentro de
ese espacio, requiere que alguien cuente la nota (¿trágica, cómica?), y por
ello toma como elemento de desequilibrio a ese homúnculo alargado y perturbador
que todo lo refleja desde una postura lúgubre de la vida, o de la muerte. Pues
parece mantenerse, a pesar de sus requiebros y cicatrices, ora de pie, ora
inclinado, en una dimensión donde el salto puede resultar peor que la estadía.
Sobre esto, hace poco me puse a pensar en que Emilio pinta ese
reflejo de la contradicción permanente del ser humano con anterioridad a las
palabras, con esa precisión que precede al instinto; pinta por ello esa misma
ciudad – casa infinita en descomposición en la que Kelver se entretuvo
igualmente en “bosquejo para una ciudad”, que no por nada es el primer poema de
su libro Egagrópilas (2016). Por tanto, dije que tal vez es posible que estos
dos artistas compartieran una visión del arte como último refugio para la
contraposición al orden, es decir, una intención velada por desenmascarar el
supuesto suplicio del caos. Una visión de aquello que soporta al ser humano
contemporáneo como ente descompuesto, desarticulado, vacío. Y como Emilio lo
repite con sosegado e insistente reclamo, el desgaste del tiempo y de la
existencia que lo sostiene. Lo que se traslada inevitablemente a la
descomposición del mundo y del arte.
Por ello, toda la obra de Seraquive está recubierta en cada
pincelada, en cada degradación del color, de la espesura y de la tonalidad de
la luz, en definitiva, con esa mirada del hombre renaciente por medio de su
marca de ausencia. Una obra que recuerda tanto a los del atrevimiento de las
vanguardias en tanto da cuenta de una misma realidad fracturada y maldita que por
ello mismo se empecina en volverse humo y memoria; y, así como el fantoche de
sus obras, deforme polichinela despótico. Emilio parece gritarnos que en
derredor y dentro de nosotros mismos se derriba un refugio o una cloaca, que
parece asimismo un tótem o una excusa de vida. Por tanto, como Kelver aprendió
que “puede ser junio / o diciembre / dependiendo de las ventanas”, Emilio sabe
que una cloaca puede ser solo una ventana desgastada. Y, dado que en este mundo
las ventanas no funcionan como deberían, esa búsqueda impele al poeta y al
artista a preferir otros escondites donde reír a satisfacción de sí mismo y de
su mundo.
Darío Jiménez.
EXPOSICIÓN "EGAGRÓPILAS"
| Catálogos |
| Emprendimientos: jarros / diseño Edwin Bermeo |
| Emprendimientos: camisetas / diseño Edwin Bermeo |
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| Emprendimientos: camisetas / diseño Ashly Curay |
| Cuaderno de memorias |
OBRAS DE EXPOSICIÓN "EGAGRÓPILAS"
| Pablo Alvear / Fragmentos: Adoración Desencajada / óleo sobre lienzo / 130 x 150 cm |
| Pablo Alvear / La asesina de artistas / óleo sobre lienzo / 120 x 140 cm |
| Pablo Alvear / Ser carne y servir la cabeza a la mesa / óleo sobre lienzo / 40 x 60 cm |
| Pablo Alvear / Almas en detonación II / óleo sobre lienzo / 40 x 60 cm |
| Ashly Curay / Alusiones glitch / Acrílico sobre madera / 40 x 200 cm |
| Alusiones glitch 1 |
| Alusiones glitch 2 |
| Alusiones glitch 3 |
| Alusiones glitch 4 |
| Alusiones glitch 5 |
| Emilio Seraquive / Epitafio (De la serie Veredas Frías) / Mixta sobre cartón maqueta / 40 x 105 cm |
| Epitafio (De la serie Veredas Frías) 1 |
| Epitafio (De la serie Veredas Frías) 2 |
| Epitafio (De la serie Veredas Frías) 3 |
| Emilio Seraquive / Te veo del otro lado (De la serie Veredas Frías) / Acrílico sobre lona / 45 x 35 cm |
| Emilio Seaquive / Maqueta para una ciudad (De la serie Veredas Frías) / Mixta sobre lona y mdf / 175 x 150 cm |
| Maqueta para una ciudad / Detalle 1 |
| Maqueta para una ciudad / Detalle 2 |
| Emilio Seraquive / Vereda endémica (De la serie Veredas Frías) / Mixta sobre lona y mdf / 150 x 150 cm |
| Vereda endémica / Detalle 1 |
| Vereda endémica / Detalle 2 |
| Fredy González / Egagrópilas / Mixta / 70 x 100 cm |
| Egagrópilas / Detalle 1 |
| Egagrópilas / Detalle 2 |
| Fredy González / Lo sacro y lo profano / Mixta / 70 x 100 cm |
| Lo sacro y lo profano / Detalle |
| Fredy González / Lagartos y lagartijas / Mixta / 70 x 80 cm |
| Lagartos y lagartijas / Detalle 1 |
| Lagartos y lagartijas / Detalle 2 |
| Freddy Guaillas / Bosquejo / Acrílico sobre lienzo / 61 x 90 cm |
| Bosquejo / Detalle |
| Freddy Guaillas / S/t / A crílico sobre lienzo / 29 x 42 cm |
| Freddy Guaillas / Endemia / Acrílico sobre lienzo / 48 x 49 cm |
| Endemia ( Retrato a Kelver Ax) / Detalle 1 |
| Endemia / Detalle 2 |
| Edwin Bermeo / Cadáver exquisito / Acrílico sobre lienzo / 90 x 120 cm |
| Cadáver exquisito / Detalle 1 |
| Cadáver exquisito / Detalle 2 |
| Edwin Bermeo / Esquirlas para un talismán / Acrílico sobre lienzo / 90 x 120 cm |
| Esquirlas para un talismán / Detalle 1 |
| Esquirlas para un talismán / Detalle2 |
| Ashly Curay / Egagrópilas / Mixta sobre cartulina / 65 x 50 |
| Egagrópilas / Detalle 1 |
| Egagrópilas / Detalle 2 |
| Egagrópilas / Detalle 3 |
VISTAS DE LA SALA EDUARDO KINGMAN
VISITA DE LOS ALUMNOS DEL COLEGIO PIO JARAMILLO
EMPRENDIMIENTOS "EGAGRÓPILAS"
VISITA SEGMENTO EN OFF (CANAL SUR)
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